Era la mañana del sábado previo a su cumpleaños...

Era la mañana de el sábado previo a su cumpleaños. No tenía planes para ese día más que dormir hasta tarde, pero el calor no lo permitió así que a las 8 am se levantó, preparó el desayuno y se dispuso a empezar el día.
Aprovecharía para hacer algunos mandados que tenía pendiente y vería mucho Netflix ese día. El plan era perfecto.
Cuando se disponía a salir, encontró un ramo de flores frente a su puerta con una pequeña tarjeta que decía: "Claveles para Claudia por ser tu flor favorita". No había remitente pero aún así agradecía el detalle, los puso en un florero con agua y salió a sus mandados. Definitivamente no era un error, era alguien que la conocía muy bien pero no tenía idea de quién podía ser.
Al día siguiente mientras se alistaba para salir escuchó llegar a alguien a su puerta pero no logró salir a tiempo para preguntar por los misteriosos paquetes. Esta vez la caja era diminuta y la nota sólo decía: "Labial color Carmesí". Otra muestra de ser una persona cercana.
Empezó a revisar sus redes sociales y no había forma de que alguien pudiera adividinar su labial o su flor favorita a partir de ahí. Definitivamente debía ser alguien cercano a ella, pero ¿quién? Su marido que era quien más la conocía había desaparecido hace un mes en una gira en un bosque y todos lo daban por muerto. Pasó todo el día pensando en esa situación intentando encontrar una explicación.
El lunes, a la hora del almuerzo en su trabajo recibió un regalo por tercer día consecutivo: Aros de cebolla de su restaurante favorito. Había comido tantas veces ahí el año anterior pero ahora tenía al menos seis meses de no visitarlo y los aros seguían siendo tan deliciosos como siempre. Definitivamente quien envía esos regalos la conoce bien y sabe lo que más le gusta. La semana pre-cumpleaños va genial, solo falta descubrir quién envía los regalos para poder agradecerle.
A la mañana siguiente ni siquiera pudo escuchar a alguien llegar a su puerta, sólo divisó un sobre entrando por debajo de la puerta. Un boleto de avión fechado para el día después de su cumpleaños y una nota: "Uruguay para entender al maestro Mario". Muchas personas sabían de su gusto por Benedetti pero solo su círculo más cercano entendía lo que para ella significaría visitar Uruguay. Era un viaje que había planeado durante años con su esposo pero nunca pudieron hacerlo y ahora tenía un boleto para ir por su cuenta la siguiente semana. En definitiva era un regalo maravilloso pero la nostalgia no dejaba de embargarla.
La mañana del miércoles escuchó una motocicleta estacionarse frente a su casa y corrió a preguntar para entender de qué trataba todo aquello. Su sorpresa fue grande al ver a un joven motociclista acercarse para poner frente a su puerta una gran caja de donas de sus favoritas. Le preguntó quién lo enviaba pero no pudo sacarle ninguna información. De inmediato decidió indagar entre sus amigas pero era tal la confusión que tenía que solo lograba confundirlas también. El misterio continuaba y nadie sabía nada de aquello misteriosos regalos.
El jueves en la mañana se le hizo tarde esperando su regalo pero nunca llegó. Tuvo que irse para el trabajo y no pudo concentrarse en todo el día. ¿Esto era todo? ¿Se había acabado ya? Al llegar a la casa tampoco había nada en la entrada. Ingresó y su horror fue enorme al descubrir en la cocina un cuadro con una imagen enorme donde se reflejaba toda la felicidad vivida con su esposo durante los siete años de su matrimonio. Tuvo miedo. Alguien había estado en su casa. Pidió a su mejor amiga que viniera a pasar la noche con ella y esta corrió enseguida apenas terminó su función de teatro. Le contó todo lo que estaba pasando y esta no daba crédito a las palabras que escuchaba. ¿De qué trataba todo aquello? La cara de su amiga reflejaba igual o mayor confusión que la de ella.
¡Viernes al fin! Su cumpleaños. ¿Tendría alguna otra sorpresa ese día? No podía dejar de pensar en aquello. Además, al día siguiente salía su vuelo hacia Uruguay, ese que tanto deseaba hacer con su difunto esposo y que ahora haría en su honor. La mezcla de emociones era insostenible y a cada instante estaba a punto de quebrarse a llorar.
En eso escuchó un carro parar frente a su casa, iba a asomarse pero todavía estaba desarreglada. Mejor que pusieran el paquete ahí y luego lo recogía. Sin embargo, esta vez tocaron el timbre. ¿Qué o quién podría ser a esa hora? Abrió la puerta y lo primero que ve es un enorme globo con forma de corazón que dice "¡Te amo! ¿Me perdonas?". Su cerebro no daba crédito a lo que estaba viendo: Alberto, su marido estaba ahí frente a su puerta. El hombre por el que tanto había llorado estaba ahí en esa mañana y ella no entendía lo que estaba pasando.
Él dio un paso al frente, asomó su cabeza y gritó: "Julia, ¿ya está el desayuno?". Su amiga era cómplice de todo esto y actuó tan bien durante todo este tiempo. Luego del susto del momento y sin hambre por la emoción pasaron a la mesa y él le explicó cómo había planeado esto desde que se recuperó hace una semana y media y como Julia había sido su cómplice en todo. Le dijo también que tenía el día libre porque se lo había pedido a su jefe y las vacaciones para el viaje a Uruguay al que por fin irían juntos estaban también arregladas por él desde hace una semana.
Claudia no terminaba de comprender todo lo que estaba pasando pero estaba inmensamente feliz de saber que el amor de su vida estaba ahí frente a ella, desayunando juntos y que mañana iniciarían el viaje de sus sueños. No podría haber tenido un mejor cumpleaños. Los regalos anónimos qué tantas dudas y confusiones le causaron sin lugar a dudas era solo el camino para el mejor regalo que podía recibir: su esposo Alberto vivo y un viaje juntos.